Mi estoma, mi salud, mi voz: Lecciones de vida en el Hospital de Montilla
Hay mañanas en las que el aire de Córdoba parece traer consigo una sabiduría distinta, una que no se encuentra en los libros de texto, sino en el brillo de los ojos de quienes deciden que una condición médica no es un punto y final, sino un punto y seguido con un caligrafía diferente. El pasado viernes, el Salón de Actos del Hospital de Montilla se llenó de esa energía especial durante la celebración de las II Jornadas sobre Cuidados a la Persona con Ostomía.
Bajo el lema «El usuario como centro del cuidado», la jornada no fue solo una sucesión de protocolos médicos, sino un encuentro de almas. Porque, seamos sinceros, hablar de ostomías en una cena de gala puede ser un reto, pero hablar de ello con naturalidad, rigor y una sonrisa es, sencillamente, un acto de valentía y generosidad.
Dos capitanas al mando: María José y Teresa
El timón de estas jornadas estuvo en manos de dos expertas que demuestran que la enfermería es, ante todo, un arte del acompañamiento. María José Urbano y Teresa Urtado, enfermeras estomaterapeutas del Hospital de Montilla, fueron las encargadas de impartir los conocimientos.
Ellas no solo explicaron el «cómo», sino también el «para qué». Con esa mezcla de autoridad técnica y cercanía que solo tienen quienes han pasado horas a pie de cama, desgranaron los secretos de una atención excelente. Porque un estoma puede ser una nueva realidad física, pero la voz del paciente —su salud y su autonomía— sigue siendo la protagonista absoluta.
«Mi estoma, mi voz»: Más que un eslogan
A menudo olvidamos que detrás de cada dispositivo, de cada bolsa y de cada cuidado, hay una persona que quiere seguir yendo al mercado, abrazando a sus nietos o disfrutando de una caminata por la Campiña. La jornada subrayó que la educación sanitaria es la herramienta más poderosa para devolverle al paciente el control sobre su vida.
En el hospital, rodeados de enfermeras y directivos, se respiraba ese ambiente de «familia elegida». Hubo momentos para el aprendizaje técnico, sí, pero también para compartir experiencias, miedos que se disuelven al ser verbalizados y trucos que solo conocen quienes conviven con el estoma día tras día.
Un cierre con sabor a comunidad
Como buena jornada andaluza que se precie, el aprendizaje no se quedó solo en las butacas. La foto de familia, con esa mesa vestida de rojo y un refrigerio compartido, nos recuerda que la salud también se construye celebrando. Porque aprender juntos es importante, pero reconocerse en el otro mientras se comparte un aperitivo es donde realmente se forja la red de apoyo que sostiene cualquier sistema sanitario.
La Junta de Andalucía y la Consejería de Salud y Consumo respaldan estas iniciativas que humanizan la asistencia. Salimos de Montilla con la lección aprendida: el cuidado empieza en la técnica, pero solo se completa cuando escuchamos de verdad la voz del paciente.
Si eres paciente, familiar o profesional sanitario, nos encantaría conocer tu opinión. ¿Qué tema te gustaría que tratáramos en las próximas jornadas? ¡Déjanos tu comentario abajo y hagamos que nuestra voz siga creciendo!


