El arte de encontrarse: FEPAMIC y la gala donde la discapacidad es lo de menos
Hay días que se marcan en el calendario no por el número, sino por la luz que desprenden. El pasado 28 de noviembre, bajo el lema «Por y para las personas con discapacidad», FEPAMIC no solo celebró una gala; organizó un refugio de sonrisas, un brindis necesario por la vida que se construye a base de esfuerzo y, sobre todo, de compañía.
Un escenario para el reconocimiento
La escena parecía sacada de una película donde el final siempre es feliz. Bajo un cielo de guirnaldas de luces que recordaban a las verbenas de verano —esas donde todos somos iguales ante un baile—, los miembros de FEPAMIC se reunieron para celebrar su Jornada de Convivencia.
No era solo un evento institucional; era una familia puesta de largo. Entre canapés, flashes y el murmullo constante de las anécdotas compartidas, se respiraba esa satisfacción del trabajo bien hecho. Porque mejorar la calidad de vida de las personas en situación de dependencia no es solo una misión técnica, es un ejercicio diario de empatía y valentía.
Los rostros de la inclusión
Pasear por la sala era encontrarse con la esencia de la institución. Vimos a parejas cómplices, elegantemente vestidas para la ocasión, posando con la naturalidad de quien se sabe en casa. Vimos grupos de trabajadores y usuarios rompiendo esa barrera invisible que a veces impone la rutina para fundirse en un abrazo o en una foto de grupo frente al photocall.
El lema se repetía en cada rincón, casi como un mantra: «Por y para las personas con discapacidad». Y no es solo una frase bonita para un cartel; es el motor que mueve a esta federación a construir una sociedad donde la inclusión no sea una noticia, sino la norma. En un mundo que a veces corre demasiado rápido y olvida mirar a los lados, eventos como este nos obligan a frenar y celebrar la diversidad.
Un compromiso que no entiende de barreras
La gala sirvió para poner en valor el reconocimiento a quienes componen FEPAMIC. Porque una institución no son sus siglas, son sus personas. La alegría en los rostros, el cuidado en los detalles y la masiva asistencia confirmaron que el camino hacia una sociedad más inclusiva está más que trazado.
Hubo tiempo para todo: para el protocolo, para el agradecimiento sincero y, por supuesto, para el disfrute. Porque la verdadera convivencia se cocina así, a fuego lento, con ingredientes de respeto y muchas ganas de mejorar el entorno de quienes más lo necesitan.
Conclusión: Sigamos construyendo
Felicitar a FEPAMIC es, en realidad, felicitarnos a todos como sociedad. Cada paso que dan para mejorar la autonomía y el bienestar de las personas con discapacidad es un ladrillo más en un edificio donde cabemos todos. Si la gala del 28 de noviembre fue un éxito, es porque el corazón que le ponen cada día es imbatible.
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