El Sabio de los Aparatos y los Corazones
Hoy nos reúne aquí el dolor de la pérdida, pero, sobre todo, el profundo agradecimiento por haber compartido el camino con un hombre verdaderamente extraordinario. Despedimos a José Antonio Álvarez, un pilar fundamental de nuestra asociación, alguien que estuvo a nuestro lado, al pie del cañón, hasta el último de sus días.
Recordamos hoy su paso como vocal hace algunos años, una labor que desempeñó con la misma entrega con la que hacía todo en la vida: sin buscar el aplauso, solo con el deseo sincero de construir y ayudar.
Un sabio humilde, sencillo y generoso
Si tuviéramos que definir a José Antonio con las palabras que dejó grabadas en quienes lo conocimos, sin duda diríamos que fue un sabio humilde, sencillo y generoso. Su sabiduría no era de esas que se exhiben con soberbia; al contrario, la llevaba con la naturalidad de quien no sabe lo mucho que vale.
Tenía un don único, una dualidad maravillosa que siempre nos asombraba: siempre tenía una respuesta para los aparatos y para los corazones.
Para los aparatos: No había problema técnico, cables cruzados o mecanismo roto que se le resistiera. Su mente lógica y su paciencia infinita devolvían la vida a lo que parecía inservible.
Para los corazones: Tenía esa misma capacidad de reparación en el plano humano. Sabía escuchar, sabía cuándo ofrecer una palabra de aliento, un consejo prudente o, simplemente, un silencio cómplice. Curaba los ánimos caídos con la misma destreza con la que arreglaba el mundo material.
«Su generosidad no tenía horarios, su sabiduría no tenía límites y su cariño no pedía nada a cambio.»
Un vacío cotidiano, un alma llena
Su partida nos deja en una encrucijada de sentimientos encontrados. Por un lado, la realidad del calendario y de la rutina se vuelve cuesta arriba. Nos ha dejado el día a día vacío; se notará su ausencia en las reuniones, en los pasillos de la asociación, en esos momentos cotidianos donde su presencia era una certeza y un alivio.
Sin embargo, el dolor no tiene la última palabra. José Antonio se ha ido, pero se queda en lo más profundo de nosotros. Nos ha dejado el alma llena con su generosidad, su sabiduría y su cariño. Ese es su verdadero legado: un inventario de buenos momentos, de problemas resueltos y de afecto sincero que el tiempo no podrá borrar.
Descansa en paz, querido José Antonio. Gracias por enseñarnos, sin pretenderlo, cómo se es un hombre grande desde la más pura sencillez. Tu asociación, tu familia y tus amigos no te olvidarán.

