La bolsa o la vida: por qué en AOCOR elegimos siempre las dos
Hay días que se quedan grabados en la piel, no por lo que dicen los libros de medicina, sino por lo que grita el corazón cuando se siente acompañado. El pasado 5 de diciembre, la Asociación de Ostomizados de Córdoba (AOCOR) celebró su comida de Navidad y, entre plato y plato, lo que realmente se sirvió fue una ración generosa de esperanza. Porque, admitámoslo, enfrentarse a una ostomía es, de entrada, un susto de esos que te dejan sin aire. Pero como bien dicen en la asociación: “la bolsa te da la vida, y aceptarla te hace más fuerte”.
Un festín de normalidad
La crónica de aquel encuentro navideño habla de un «día inolvidable» y una «comida excelente». Pero si rascamos un poco la superficie de los manteles, lo que encontramos es algo mucho más profundo: camaradería e ilusión. Para una persona que acaba de salir de una cirugía, el mundo puede parecer un lugar hostil, lleno de ruidos inesperados y miedos a que «algo falle» en el momento más inoportuno.
Sin embargo, ver a un grupo de veteranos riendo, brindando y compartiendo anécdotas con naturalidad es la mejor medicina que existe. No hay enfermera de práctica avanzada —por muy experta que sea en estomaterapia— que pueda sustituir el abrazo de alguien que ha pasado por lo mismo. En AOCOR lo saben bien, y por eso su junta directiva se desvive por crear estos espacios donde la palabra «paciente» se olvida para dejar paso a la de «compañero».
El arte de volver a empezar
Cualquiera que haya pasado por este proceso sabe que no es solo una cuestión de aprender a pegar un adhesivo o vaciar una bolsa. Es una reconfiguración mental. Al principio, como bien reflejan los testimonios de la asociación, uno sale del hospital «asustado y confundido». Es como si te hubieran cambiado el manual de instrucciones del cuerpo sin avisar.
Pero entonces aparece el «paciente experto». Ese veterano que, con un ligero toque de humor, te explica que si tu estoma decide «hablar» en mitad de una reunión importante, lo mejor es relajarse: ¡todos los cuerpos hacen sonidos!. La rehabilitación real no ocurre solo en la consulta; ocurre cuando te das cuenta de que puedes seguir viajando, trabajando y, por supuesto, disfrutando de una buena comida navideña en Córdoba.
Mirando al 2026 con ganas
AOCOR no es solo una sigla; es un refugio de «guardianes invisibles» que trabajan para que nadie se sienta solo en este viaje. Su meta es clara: descubrir los propios recursos del paciente para fomentar un autocuidado lleno de dignidad.
Como bien decía uno de los asistentes a la comida de diciembre: «ha sido un día muy bonito… gracias a todos por haberlo hecho posible». Y es que, al final, la vida con una ostomía sigue siendo vida. Con sus retos, sus pequeñas bolsas a cuestas y sus grandes victorias cotidianas.
¡Enhorabuena a toda la familia de AOCOR por recordarnos que, incluso cuando la anatomía cambia, la alegría de compartir sigue intacta!.


