El arte de ver la vida a través del cristal (y con un pincel en la mano)
Hay tardes en las que el mundo parece empeñado en ponerse gris, pero luego llegas a la calle Dolores Ibárruri y descubres que un grupo de valientes ha decidido llevarle la contraria al destino a base de pinceladas. El pasado 5 de marzo, entre las cinco y cuarto y las ocho de la tarde, el Salón de Actos «Antonio Hermoso» de FEPAMIC se convirtió en algo parecido al taller de un alquimista, pero con más risas y menos pretensiones.
Transformar lo cotidiano en extraordinario
La premisa era sencilla: pintura sobre vidrio. Pero ya sabemos que en AOCOR (Asociación de Ostomizados de Córdoba) lo sencillo siempre acaba siendo especial. Allí estábamos, frente a botellas y recipientes que en otra vida no habrían aspirado a más que a guardar agua o terminar en el contenedor verde, esperando su oportunidad para brillar.
Ver a los compañeros concentrados, con la lengua un poco fuera —esa señal universal de la máxima dedicación— y el pulso firme, es una lección de vida. Algunos optaron por flores que no necesitan riego, otros por paisajes abstractos que ni el mismísimo Kandinsky habría imaginado después de tres cafés. Lo importante no era el resultado (que, por cierto, fue espectacular), sino ese silencio compartido que solo se rompe para pedir que te pasen el azul cobalto o para comentar lo bien que nos sienta mancharnos un poco las manos.
Más que un taller, una red de colores
Gracias al apoyo de la Federación Provincial de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Córdoba (FEPAMIC), pudimos disfrutar de un espacio donde la discapacidad se queda en la puerta y solo entra la capacidad de crear.
A las siete y pico de la tarde, las mesas eran un catálogo de pequeñas obras maestras. Había botellas con flores rosas que parecían querer salirse del cristal y diseños geométricos que daban fe de que, cuando nos ponemos, no hay técnica que se nos resista. Pero lo mejor, como siempre, fue la foto de familia: todos posando orgullosos con nuestras creaciones, con esa cara de satisfacción de quien ha pasado una tarde «de lujo».
¡No te pierdas la próxima!
Si te quedaste con las ganas de sacar al artista que llevas dentro, no te preocupes. En AOCOR siempre estamos tramando algo para que el calendario no sea solo una sucesión de días, sino una colección de momentos compartidos. Porque, al final, la vida es como una botella de vidrio: puede ser un recipiente vacío o puede ser el lienzo de algo maravilloso. Tú eliges el color.
¿Te animas a participar en nuestras próximas actividades? Pásate por la asociación, que el café (y el pincel) siempre están listos.


